Tradúceme.

lunes, 21 de agosto de 2017

Cuando no puedas dormir...

Respira, respira amor mío.
No pienses en nada. No pienses en lo que has hecho hoy ni  por qué has tenido que hacerlo. No pienses en lo que te quede por hacer mañana.
Solo, respira.
Yo sé como respiras cuando estás tranquilo. Sé como respiras cuando duermes. Sé como respiras cuando te sientes en paz. Se como respiras cuando te relajas. Sé como es tu rostro cuando estás calmado, lo sé de memoria, lo he recorrido mil veces con las yemas de mis dedos. 
Cierra los ojos y escucha mi voz, deja que te susurre, deja que te arrulle, deja que te envuelva y te lleve hasta ese mundo en el que todo es posible, y sueña. 
Llena el pecho de aire, como cuando me abrazas, y respira.
Estoy contigo, justo a tu lado, no te inquietes.
Duerme, yo estoy aquí. Velaré tu sueño y nada, nada, lo enturbiará, no lo permitiré.
Respira, respira amor mío.
Déjame oírte respirar...

sábado, 19 de agosto de 2017

Intentando escribir cartas de amor... En silencio.

Esta es la última, eso quisiera.
Quisiera no tener que seguir transformando sentimientos en palabras. Quisiera poder hablarte ahora mismo, en silencio. Porque todo lo que tengo que decirte necesita de silencio. Del que nace en la cercanía de un beso. Del que se hace cuando sobra todo, menos tú y yo.
Ese en el que me escuchas y me entiendes, porque lees lo que siento mirando en mis ojos y oyes lo que digo tocando mi piel.
Ya no me quedan palabras, las he sangrado todas, esa ha sido la tinta con las que te las he escrito una a una. Me he arrancado el corazón en cada carta, y te lo he dado a ti.
Ya no me queda nada, tan solo el silencio. El silencio en el que te lo diré todo, todo lo que no se puede convertir en palabras. Todo lo que me estoy callando a gritos.
Escribir que te quiero se ha quedado muy pequeño. Lo que siento por ti es mucho más grande que esas pocas letras, y no hay manera humana de ponerlo por escrito.
Necesito decírtelo, necesito oírtelo...en silencio.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Intentando escribir cartas de amor... En la memoria del corazón.

Hay lugares, momentos, que se quedan para siempre guardados en la memoria del corazón, y el corazón no olvida.
Por eso hoy, cuando no puedo alcanzarte en el tiempo, ni nos cobija el mismo cielo, ni respiramos el mismo aire, cuando siento que me he perdido al buscarte, voy a apelar a la memoria de tu corazón.
Será de noche cuando recibas esto, la noche del día del que quiero hablarte, el que quiero que tu corazón recuerde, en  el que quiero que me encuentres.
Las estrellas estaban en la punta de mis dedos, con tan solo alzarme de puntillas podía tocarlas. No faltaba ni una sola esa noche, el firmamento entero quiso ser testigo y parte. Trataba de competir en hermosura con la belleza de lo que sucedía en ese momento en la tierra. Intentaba ocultar con su brillo el de nuestro amor. Mi corazón no las ha olvidado, aunque en ese momento solo tenía ojos para ti. Ojos, manos, labios, piel, todo era tuyo, y todo tú eras mío. Y todo, sucedía por primera vez.
Los primeros besos llenos de pasión, las primeras caricias que incendiaban todo a su paso, la primera vez que me hacías el amor, la primera vez que me decías...te quiero.
Hubo muchas veces más, miles de besos, miles de caricias, cientos de veces que me has hecho el amor, pero nunca ha vuelto a haber estrellas.
Por eso hoy, ahora, en la noche del día en el que me amaste por primera vez, quiero que tu corazón las recuerde. En este momento en el que el tiempo me impide alcanzarte. En el que se ha vuelto del todo mi enemigo y me mantiene alejada de ti,  mi corazón me hace imposible olvidar...
En este momento sé...que quizá las estrellas no estaban esa noche en el cielo, estaban en ti. Que quizá no las he vuelto a ver brillar así porque las buscaba en la noche, y no en tus ojos, en tus manos, en tu boca, en tu piel. Porque ahora, ahora que no estás...se han apagado todas.
Búscalas, búscame, estoy en la memoria de tu corazón...
Y cuando el tiempo se detenga para que te alcance, o tú te gires y corras hacía mi dejándolo a él atrás.
Entonces, juntos, volveremos a encender todas las estrellas.

viernes, 11 de agosto de 2017

Intentando escribir cartas de amor...

Son tantas cosas las que quiero decirte, tantas, que no sé si alcanzarían todas las palabras del mundo para hacerlo. Algunas veces esas palabras carecen de emociones y de sensaciones, no son un beso, no son un abrazo, no es mirarse a los ojos, no es sentir tu aliento, no son nada. Son solo letras unidas unas a otras con mejor o peor acierto. Escribir, describir, poner sobre el papel el amor que siento. Llenarlo de puntos y comas en los lugares correctos, usar exclamaciones, interrogaciones. Todo para  hacer que entiendas, no, que sientas, lo que siento. Para transformar esa palabra que significa beso, en la húmeda calidez de mis labios sobre los tuyos. O que cuando escriba abrazo sientas como te rodean mis brazos, con fuerza, sin miedo, para que sepas que pase lo que pase yo siempre estaré aquí y eso te conforte. Para que seas capaz de ver tu propio reflejo en mis ojos, con tan solo poner por escrito cómo y con cuánto amor te estoy mirando. Para que cada vez que leas...te quiero, tu corazón lata al ritmo del mío.
Lo decidió, tal vez, el destino, y escribí, pensé que sería fácil porque el papel en blanco es paciente y capaz de escuchar. Y que con esa misma paciencia te haría saber que te amo.
El amor es tan grande, tan fuerte, pero nos hace a la vez tan frágiles. Lo das todo, entregas alma, corazón, cuerpo. Queda de ti una cascara vacía que no tiene vida sin esa persona a quien amas.
Y así estoy ahora...
Vacía sin ti.
Derramando y agotando todas esas palabra que he ido aprendiendo para decirte que te quiero.
Anhelando el momento en el que no tenga que describir, sino sentir.
Rogándole al papel en blanco sobre el que escribo que te cuente que te espero.
Pidiéndole calma a mi corazón que grita tu ausencia con dolor.
Intentando que mi alma vuele hasta ti.
Esperando que me devuelvas la vida, porque mi vida...siempre has sido tú.

domingo, 9 de julio de 2017

De mis días sin ti...


No era capaz de verte. Había pintado de colores el cristal a través del cual te miraba. Había nublado mis ojos, yo misma los vendaba en ocasiones hasta no ver nada. Empeñada en soñar. Creando cada día una existencia, que solo a mi razón existía.
Entonces llegaron mis días sin ti.
Fue como si alguien limpiase a conciencia ese cristal coloreado, hasta dejarlo translucido. Y puede que fuesen las lágrimas quienes lavaron mis ojos, haciendo clara mi mirada. Como si alguien me zarandease para sacarme a la fuerza de mi eterna ensoñación. El amor seguía pesando doloroso en mi pecho, ese vacío, la congoja de estar sin ti. Seguía estando hambrienta de las migajas que ponías en la palma de tu mano para alimentarme. Seguía boqueando como pez fuera del agua, porque ya no estabas en el aire que respiraba. Aquella agonía no trajo la muerte. No expiré, no fallecí, no descansé, y no renací.
Tan solo me quedé aquí, anclada en mis días sin ti.
Suspendida en inútiles intentos de hacerte pensar en mí, de recordarte mi existencia. Siendo patética, ridícula. Con cada uno de mis fracasos, podía verte mejor, nada te ocultaba de mi vista. Me aferré con uñas y dientes al más mínimo atisbo de esperanza, porque sentía que me iba la vida en ello, que se me iba la vida sin ti. Esta reticencia a no aceptar la verdad, a no tomar por cierto lo que me ven mis ojos, a negar que tienes lo que quieres, y que lo que quieres no soy yo...me mantiene aquí.
Cual maldición de Sísifo, atrapada en mis días sin ti.

domingo, 11 de junio de 2017

¿Quieres existir?

No existíamos, solo eramos fragmentos de pasado sin ningún futuro, y con un presente casi inexistente. Nos inventamos, nos creamos a nosotros mismos. De la misma manera que Dios creo al hombre de un pedazo de barro nos dimos forma, con la única intención de amarnos. Y yo te creé, llenando mi alma de ilusiones y el corazón de amor. Y tú me creaste, moldeando con tus manos el cuerpo que deseabas, llenándote, llenándome de pasión y fuego. Consumamos el amor y este nos consumió. Resecó el barro con el que nos creamos, y la decepción de no existir, de no vivir en realidad, nos hizo añicos. Pedazos inconexos que el viento árido del desencanto convirtió en tierra, en polvo. Existimos en aquel breve tiempo en el que nos amamos, fugaz y efímero momento en el que el amor nos dio vida, yo te la di a ti, tú me la diste a mí. Y ahora, solo somos partículas arrastradas por la brisa, suspendidas en  ese rayo de sol  que se cuela a media tarde por mi ventana, por tu ventana. Puedo tocarte, sentir tu calor en la palma de mi mano. Me hace pensar que no existimos, pero que jugando de nuevo a ser Dios, podría volver a crearte.

miércoles, 17 de mayo de 2017

La cruda realidad...

Sí, me lo advertiste, me dijiste que vivía un espejismo que me alejaba de la realidad. Y que esta se abre paso, a codazos, entre una multitud de sueños hasta hacerse ver. Que siempre nos alcanza, que no hay manera de dejarla atrás y mantenerse a salvo del dolor que se siente cuando te toca. Que cualquier día un gesto, una mirada, una palabra, una sonrisa que no es devuelta, rompería la ilusión. Y aquí estoy, arrodillada, recogiendo del suelo los trozos de esa quimera. Intentado recomponer aunque solo sea una de esas fantasías para refugiarme en ella. Para cerrar los ojos y respirar, como cuando me sujetaba contra su pecho, como si fuese a volver a hacerlo. Pero son tan pequeños que no lo consigo y las lágrimas, irreprimibles, no me dejan ver. Se han hecho añicos  todos mis anhelos, pedazos de bordes afilados que me hacen daño, Las piezas que antes se acoplaban, ahora no encajan.  La forma que le di a mi amor, se desdibuja, se diluye ante mis ojos, y no queda más que una amalgama de sentimientos sin sentido aparente. Se escurren entre mis dedos todos esos sueños, que vencidos por la realidad, se mudan en oscuras y retorcidas pesadillas.
Y sigo aquí, arrodillada, recogiendo del suelo lo poco que queda, los restos de lo que estuve soñando, de lo que creí que éramos...