Tradúceme.

domingo, 11 de junio de 2017

¿Quieres existir?

No existíamos, solo eramos fragmentos de pasado sin ningún futuro, y con un presente casi inexistente. Nos inventamos, nos creamos a nosotros mismos. De la misma manera que Dios creo al hombre de un pedazo de barro nos dimos forma, con la única intención de amarnos. Y yo te creé, llenando mi alma de ilusiones y el corazón de amor. Y tú me creaste, moldeando con tus manos el cuerpo que deseabas, llenándote, llenándome de pasión y fuego. Consumamos el amor y este nos consumió. Resecó el barro con el que nos creamos, y la decepción de no existir, de no vivir en realidad, nos hizo añicos. Pedazos inconexos que el viento árido del desencanto convirtió en tierra, en polvo. Existimos en aquel breve tiempo en el que nos amamos, fugaz y efímero momento en el que el amor nos dio vida, yo te la di a ti, tú me la diste a mí. Y ahora, solo somos partículas arrastradas por la brisa, suspendidas en  ese rayo de sol  que se cuela a media tarde por mi ventana, por tu ventana. Puedo tocarte, sentir tu calor en la palma de mi mano. Me hace pensar que no existimos, pero que jugando de nuevo a ser Dios, podría volver a crearte.

miércoles, 17 de mayo de 2017

La cruda realidad...

Sí, me lo advertiste, me dijiste que vivía un espejismo que me alejaba de la realidad. Y que esta se abre paso, a codazos, entre una multitud de sueños hasta hacerse ver. Que siempre nos alcanza, que no hay manera de dejarla atrás y mantenerse a salvo del dolor que se siente cuando te toca. Que cualquier día un gesto, una mirada, una palabra, una sonrisa que no es devuelta, rompería la ilusión. Y aquí estoy, arrodillada, recogiendo del suelo los trozos de esa quimera. Intentado recomponer aunque solo sea una de esas fantasías para refugiarme en ella. Para cerrar los ojos y respirar, como cuando me sujetaba contra su pecho, como si fuese a volver a hacerlo. Pero son tan pequeños que no lo consigo y las lágrimas, irreprimibles, no me dejan ver. Se han hecho añicos  todos mis anhelos, pedazos de bordes afilados que me hacen daño, Las piezas que antes se acoplaban, ahora no encajan.  La forma que le di a mi amor, se desdibuja, se diluye ante mis ojos, y no queda más que una amalgama de sentimientos sin sentido aparente. Se escurren entre mis dedos todos esos sueños, que vencidos por la realidad, se mudan en oscuras y retorcidas pesadillas.
Y sigo aquí, arrodillada, recogiendo del suelo lo poco que queda, los restos de lo que estuve soñando, de lo que creí que éramos...

martes, 9 de mayo de 2017

¿Cuánto tarda en morir el amor?

Usé para entrar en tu vida la puerta que se me ofreció, la de la amante. La de aquella que será negada y repudiada. La de aquella que espera en la sombra, oferente,  a ser reclamada, a ser amada. Creí que el amor me despejaría el camino al centro de tu vida. Y te amé, contra viento, marea y tiempo. Negando la existencia del bien y del mal. Contra toda norma o regla, escrita o no. Hice crecer mi amor hasta convertirlo en una bestia descomunal. Una bestia que siempre estuvo herida, agonizante,  y que por fuerte se pensó capaz de sobrevivir. Que se resistía y nunca tomó conciencia de la gravedad de sus lesiones. Un amor que se debate entre la vida que le di y la muerte que le das. Que no eras mío lo supe siempre, que no querías serlo, que lo sabía...me lo negué.
Y ese amor, ahora, espera la muerte por inanición. Se debilita porque ya no lo alimento,  porque ya no recojo tus sobras, porque ya no finjo que son para mi un festín. Relegado al olvido entre silencios y vacíos, entre rechazos y desplantes. Marchitándose, secándose. Espera la muerte, que dolorosa no llega, negando el descanso a los latidos aún fieros de mi corazón. Un reposo esquivo para mi alma, porque con cada uno de mis sueños, de mis fantasías, de mis anhelos, de mis deseos, queriendo que lo fuese y arrepentida de conseguirlo, yo...lo hice inmortal.

viernes, 28 de abril de 2017

Mío...

Te quiero mío, sí, así, como suena. Mío con egoísmo, aunque me tachen de celosa y posesiva. Mío sin compartirte con nada ni con nadie. Míos los latidos de tu corazón, mías cada una de tus miradas y tus sonrisas. Mío cada vez que respires. Mías todas las palabras de amor que pronuncies. Míos tus pensamientos. Míos cada uno de tus días, y cada una de tus noches. Míos tus sueños, tus anhelos, tus deseos más lujuriosos. Mía tu piel y tu boca. Míos cada uno de tus gemidos, cada grito de placer que sea capaz de arrancarte. Mío hasta ser yo quien te posea. Mío dentro de mí. Mía tu pasión cuando se desborda. Mía tu esencia cuando se derrama.  Mío para poder decir a todo el mundo que lo eres. Mío porque tú quieras serlo. Mío porque no concibo otra manera de amarte, porque no concibas ser de otra. Mío sin pausas, sin esperas, sin paréntesis, sin fingimientos.
Mío, tan mío, que solo pienses en que yo sea tuya...

sábado, 22 de abril de 2017

Almas...

Cuando mi alma encontró a la tuya, ya le habías entregado tu vida a alguien que no era yo. Sin embargo se reconocieron, en cuanto tus ojos se vieron en los míos. Miramos el uno en el otro, y nuestras almas, se sonrieron. Ellas comenzaron a amarse mucho antes de nuestro primer beso, mucho antes de que fuésemos capaz de pronunciar nuestro primer te quiero. No íbamos a ser el uno del otro, nunca, eso pensamos. Pero esa palabra significaba esperar una vida entera, acabar esta, y esperar a encontrarnos en una nueva. Demasiado tiempo, cuando se ama, y se vive, ahora. Y ese destino que dice que acerca mundos cuando dos almas están destinadas a unirse, se empeñaba una y otra vez en mantenernos juntos. Llevarle la contraria resultaba inútil. Querer contrariar al sentimiento que nos unía, querer entender las razones del amor, era casi imposible. Porque las cuestiones del corazón solo él las razona, y discutir con quien posee una lógica aplastante es un caso perdido. Cuando el amor tomó las riendas y nuestras almas se tocaron,  no hubo vuelta atrás. Aunque no éramos el uno del otro, nos pertenecíamos. Tan solo en ese breve espacio de en el que el reloj parece detenerse. El segundero avanza pero las agujas están casi inmóviles, hasta que oyes el sonido de un nuevo minuto. Ese efímero instante, ese fugaz paréntesis en el que el destino se cumple. Esa brevedad eterna en el que almas y cuerpos se unen, y son aquello para los que fueron creados, para amarse.
Puedo vivir así, sin que parezca que te tengo, tan solo un minuto arrancado al tiempo sin que nadie se de cuenta, porque mi alma sigue amando a la tuya el resto de las horas. No sé en cuántas vidas atrás he sido tuya, pero sé que no es la primera vez que te amo y me amas. Lo veo en tus ojos, en tu sonrisa, lo siento en cada una de tus caricias. Lo noto en el vacío que se hace en mi pecho cada vez que te alejas. Lo sé, porque hasta que no llegaste tú me sabía incompleta.
Y en las que nos queden por vivir, por renacer, solo espero amor mío...que tu alma y la mía, se encuentren antes...

sábado, 15 de abril de 2017

Despacio.

Tengo tanta hambre, tanta, de ti...tanta, que temo querer devorarte cuando te tenga a mi alcance, en lugar de saborearte. No dejes que quiera atiborrarme de tus besos, pídeme que pare, que vaya poco a poco. Haz que los deguste uno a uno, que no me pierda ni un solo matiz de su sabor, de tu sabor.  No quiero que la premura por tenerte haga que pase por alto algún rincón de tu cuerpo. Que la prisa por amarte haga que no acaricie algún centímetro de tu piel. Que mis dedos no te dibujen al completo. Quiero ser marea que sube lento, hasta inundarte, cubrirte por entero. Quiero que mis caricias hagan de ti una roca, para que el agua de mi deseo la empape y la venza. Que te deshagas en mí, que te rindas a mi, y que no quieras abandonar nunca el refugio que te ofrece mí cuerpo. Quiero parar el tiempo con el primer beso, y que tú me pidas que sea así para siempre. Dar sentido a todas las frases hechas, ser uno, fundirse, respirarse, complementarse...
Quiero hacerlo, despacio...lo que quiero...es hacerte el amor...

sábado, 8 de abril de 2017

¿Te beso?

Hago planes, para robarte un beso, para prevenirte de el hecho de que voy a besarte, o cogerte desprevenido. Planes, porque no sé si suplicarte que me des lo que mis sentimientos me hacen necesitar, o esperar a que seas tú quién quiera dármelo. Mantengo conversaciones en las que solo hablo yo,  en unas estás de acuerdo, en otras no. Disientes de la manera, de mi forma de conseguir lo que anhelo, o aceptas con una sonrisa mi atrevimiento. Imagino la escena de mil maneras, o de dos mil, y tan solo en unas pocas todo acaba en un rechazo. Sueño, con sentir que tus brazos me rodean y que ese simple beso, se convierte en el primero de muchos. Luego pienso que estoy aquí, a un escaso par de metros de ti. Que tú no me miras, que no me ves. Que lo que gritan mis ojos no llegará jamás a tu corazón, porque ni lees, ni oyes, mi mirada. Porque tus ojos nunca se quedan enganchados de los míos el tiempo suficiente. Deshago mis planes porque me he ido a enamorar de un imposible. Y entonces observo tu sonrisa mientras hablas con otra. Veo como se curvan tus labios, como se humedecen, y no puedo evitar reflexionar de nuevo sobre la posibilidad de sentirlos sobre los míos. 
Y otra vez...hago planes...